Homilias

721730 de 949 documentos

XXIV Domingo Tiempo Ordinario

Seamos creativos con ese tiempo que Dios nos regala para seguir sus pasos, para modelar su rostro con nuestras torpes manos. Basta con ser fieles a lo que somos, a lo que Dios nos pide. Pero, ¿quién es Jesús para nosotros?

XXIII Domingo Tiempo Ordinario

Queremos recorrer el camino alegrándonos de la vida que se nos da. Dando gracias por el misterio de cada día sin quejas ni protestas. Entregamos lo más grande que Dios ha puesto en nosotros, nuestra capacidad de amar, de alentar, de sostener a otros, de disfrutar en pequeños sorbos la belleza de la vida.

XXII Domingo Tiempo Ordinario

Tal vez sea ésa la perfección que quisiéramos vivir cada día: vivir cada paso, sin miedo, sin angustia, confiando en el Dios que nos sostiene y camina a nuestro lado. Confiamos y damos cada paso a su tiempo. Sin prisa. Sin pausa. Somos camino por hacer, historia desgranada a cada paso. El tiempo pasa y […]

XVIII Domingo Tiempo Ordinario

Dios busca nuestra oración de entrega y ofrecimiento. Quiere nuestro amor sincero y desinteresado. No sólo quiere que pidamos cuando llegue el hambre, quiere que nuestra oración sea un ponernos en sus manos con un corazón dócil y fiel.

XVII Domingo Tiempo Ordinario

Podemos acostumbrarnos a dar y olvidar que necesitamos recibir. Es fundamental descubrir nuestra indigencia para poder acoger la misericordia. Cuando, con humildad, aceptamos lo que necesitamos, ese pan que nos sacia, aprendemos más incluso que cuando damos.

XVI Domingo Tiempo Ordinario

Hoy renovamos nuestro deseo: queremos estar preparados para dar la vida en cada momento como buenos pastores. Allí donde Dios nos pida que estemos, allí queremos ser luz que dé esperanza y un hogar en el que otros encuentren la paz.

XV Domingo Tiempo Ordinario

Nuestra vida quiere ser liberadora para muchos. Estamos llamados a entregarnos en todo lo que hacemos. Con sencillez y alegría. Repartiendo la paz que recibimos, enseñando una nueva forma de vivir esta vida con libertad, sin quedar atrapados por las tensiones diarias, confiando en ese Dios que nos conduce.