III Domingo Tiempo Ordinario
La unidad sólo se puede construir desde la humildad, aceptando nuestra misión concreta y respetando la misión de todos los demás miembros del mismo cuerpo.
La unidad sólo se puede construir desde la humildad, aceptando nuestra misión concreta y respetando la misión de todos los demás miembros del mismo cuerpo.
Dios sólo quiere nuestra entrega. Quiere nuestro sí sin excusas. Quiere que llenemos las tinajas de agua. El agua refleja nuestra debilidad. Tenemos sed. Y tenemos sólo agua. Es sólo agua, pero es lo que tenemos. Es aquello que no podemos ocultar. Dios nos necesita.
Hemos sido destinados a la vida, pero sin saber muy bien de dónde venimos e ignorando el camino a seguir. ¿Se puede cambiar el destino? ¿Se puede reescribir nuestra historia?
Queremos aprender a ser niños para no quedarnos a la mitad de lo que podemos llegar a ser. Nos vestimos así del traje de sorpresa, nos ponemos cara de asombro, una sonrisa permanente en el rostro, hacemos que nos tiemblen las manos de la emoción y corremos a dejarnos sorprender por la vida.
Pero hoy también nos preguntamos cómo se encuentra nuestro amor matrimonial, base de la familia. Miramos el amor que se tenían José y María. Miramos el respeto y la alegría que reflejaban en su vida. La delicadeza y la ternura, la sencillez y la sana disponibilidad para seguir el querer de Dios.
Un niño pobre en un pesebre es el mejor escenario para ser quienes somos de verdad y recuperar la dignidad perdida.
Nos quedamos contemplando el misterio de una gruta en la que el Niño viene al mundo. Ante esta gruta silenciosa nos arrodillamos con miedo a escuchar la pregunta que Dios quiere hacernos. Nos da miedo que su deseo no forme parte ya de nuestro itinerario, del camino marcado por nuestros sueños. ¿Y si resulta que […]
Nosotros estamos llamados a ser causa de alegría para muchos y a compadecernos del que nos necesita. Queremos un corazón misericordioso como el de María. Un corazón que entregue la alegría recibida. Un corazón alegre vive en la misericordia y llena de gozo la vida de los que acompaña.
Dios ha empezado una obra de arte con nosotros. La va a completar. Pero necesita su tiempo. Y en el camino nos entrega su amor.
