XV Domingo Tiempo Ordinario
¿Quién es nuestro prójimo? ¿A quién amamos con todo el alma? ¿Ante quién nos detenemos a practicar la misericordia?
¿Quién es nuestro prójimo? ¿A quién amamos con todo el alma? ¿Ante quién nos detenemos a practicar la misericordia?
Estamos llamados a hacer lo mismo que Jesús hizo en la tierra: sanar enfermos y predicar el amor de Dios. Ser como Él. Curar con nuestras manos con el mismo amor, tocar las heridas con la misma misericordia, ayudar a ver, a caminar, a escuchar, a limpiar, desde la impotencia de saber que no somos […]
Él no tenía donde reclinar la cabeza y los suyos habían aprendido a vivir sin seguridades. Él soñaba cada noche, cada día, con nuevos días sin esclavitudes, ellos habían aprendido a ser libres a su lado. Él vivía en la verdad y su vida era bella, tan bella que sus palabras resultaban fascinantes, porque estaban llenas de una verdad eterna.
Él sí sabe quiénes somos y ve hasta lo más profundo de nuestro núcleo interior. Pero el mundo con frecuencia se queda en la apariencia externa. Ve lo que hacemos, lo que parecemos, lo que mostramos…
Muchas veces el pecado nos aleja de Dios, nos hace sentirnos indignos, borra del alma la conciencia de que somos obra de Dios. Nos olvidamos de su misericordia y vemos que no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos. En esos momentos huímos de Dios. Nos cuesta mucho aceptar el perdón. Y precisamente el perdón sana nuestro corazón herido y nos hace volver a sentirnos hijos predilectos
Entonces, ¿de qué va la vida? No es fácil definirla en pocas palabras. En realidad consiste en saber descifrar las huellas de Dios sobre las nuestras, con la paz que da hacer lo que Él nos pide, con la satisfacción de vivir anclados en su corazón herido.
Quisiéramos introducirnos en su corazón herido, participar allí de su vida, de sus sentimientos, de lo que Él ama. Allí nos sentimos queridos, aceptados en nuestra verdad. Cuando nos hemos adentrado en la hondura de este misterio estamos preparados para recibir su Cuerpo y su Sangre en nuestro corazón herido y pobre.
Es importante que miremos nuestro corazón para pensar quién es Dios para nosotros. ¿Qué esperamos de Él? ¿Qué le decimos en el silencio del corazón? ¿Cómo le buscamos cada día? ¿Cómo le abrimos el alma para que entre a descansar en nosotros?
Construir la unidad significa dar un paso para aceptar al que es diferente, sin dejar de ser como somos y, al mismo tiempo, buscando los puntos de contacto, las semejanzas que nos unen y acogiendo a los demás con un amor grande y comprensivo.
