Domingo de la Sagrada Familia
El amor de Dios excede los límites de mi alma que tantas veces se conforma con tan poco. Supera toda capacidad humana y nos alegra. Nos acercamos como niños a su inmenso mar de misericordias.
El amor de Dios excede los límites de mi alma que tantas veces se conforma con tan poco. Supera toda capacidad humana y nos alegra. Nos acercamos como niños a su inmenso mar de misericordias.
Y Dios se hizo hombre…y caminó entre nosotros.Se abre el portal para nosotros.
Jesús viene a cambiarnos la vida. Viene a quitarnos cosas, comodidades, satisfacciones, para lograr vaciarnos. Y así, una vez vacíos, estamos en disposición de acogerle a Él.
Ahora sólo puedo agradecerle a Dios que el camino que tengo es el mejor, mi mejor Belén en el que nace Dios. Aquí, en mi realidad, donde vivo, en mi pobreza. Aquí, con mis límites, con mi amor torpe.
Adviento tiene mucho de gratuidad. Poco de derecho. Dios se nos dona y le da sentido a la vida. Viene, no para ser adorado, sino para invitarnos a encontrarnos con Dios en el hombre, en el pobre.
Dios se hace hombre y se mezcla entre los hombres; se hace hombre para caminar conmigo. Me gusta este tiempo previo en el que el corazón se prepara, sueña, anhela.
Somos niños cuando experimentamos ese amor inmerecido. La gracia de su amor. En esos momentos confiamos de forma definitiva. Porque un amor así nunca se desentiende de mis pasos.
Los talentos nos han de llevar a arriesgar, a jugárnosla, a salir. No sólo se trata de conservar con cuidado lo que hemos recibido. Hace falta el impulso misionero, el frescor de una vida entregada.
