Jueves santo
Jesús entrega su vida. Nos amó hasta el extremo.
Jesús entrega su vida. Nos amó hasta el extremo.
Queremos creer en nuestro futuro. Confiar en nuestras fuerzas. Perdonarnos y volver a comenzar. Creer en la belleza de nuestra vida. Vivir agradecidos, no exigiendo que nos amen.
Me sostiene Él que me ama con locura. Me alienta Él que conoce mis sufrimientos. Él mismo los ha sufrido. Me levanta cuando caigo y me dice que basta con vivir con Él, a su lado.
Es necesario confiar en alguien que le dé sentido a toda la vida. No queremos vivir esperando a que cambien las circunstancias para ser felices. La cruz y el dolor forman parte de nuestro camino.
Queremos ser libres de tantos apegos que nos atan a la tierra. Medir las cosas en la pesa de Dios es un cambio en la mirada. Las cosas del mundo valen lo que valen para Dios, no tanto para mí.
El amor purifica. Los vínculos dan serenidad y hondura. No hay una vida sana donde no hay amor. El amor hace fecunda y fuerte nuestra vida. No podemos dar hogar si antes no estamos anclados.
Mirar mi vida como es hoy y sonreír. Saber que hay cosas que cambiaría sin problemas. Otras que me gustan y quiero. Sólo me queda aceptar que la realidad es la que es y no hay que tenerle miedo.
Lo que sana es el amor incondicional de Dios, que no depende de mi respuesta, que siempre tiende su brazo hacia mí, queriendo que me conmueva, que me deje amar.
Me gustaría aventurarme por la vida con un corazón de niño. Tocar la belleza más sencilla. Me encantaría desentrañar misterios, descubrir la luz. Dar claridad y aire a los cuartos oscuros.
