Domingo de Cristo Rey
¿Por qué me cuesta tanto dejar el timón de mi vida en las manos de Dios? Ese gesto de entregar el poder, de pedirle a Dios y a María que sean reyes de mi vida, es el camino de la verdadera santidad.
¿Por qué me cuesta tanto dejar el timón de mi vida en las manos de Dios? Ese gesto de entregar el poder, de pedirle a Dios y a María que sean reyes de mi vida, es el camino de la verdadera santidad.
Contemplar la vida significa tomarla como es sin querer cambiarla. Sacar su belleza admirando lo que Dios me regala. Estar abierto a lo que recibo, aunque piense que yo lo haría de forma diferente.
Guarda en tu corazón como se guardó a María en la muralla durante tantos años. Guarda y haz memoria. Eso te hace hondo. ¿Cómo es mi hondura de alma? ¿Qué es lo que guardo? Guardar un tesoro y después compartirlo. Que se abra el muro.
Para Jesús todos están vivos. Junto a Dios no hay muertos, sólo hijos, sólo hijos amados. Jesús nos desvela algo del cielo. Él lo conoce. Junto a Dios todos tenemos vida.
¿A qué viniste? ¿Para que sigues a Jesús? ¿Cuál es el santo que Dios quiere labrar en mí? ¿Cuál es mi forma original de santidad?
El pecador, el que llevaba una vida imperfecta, sólo puede esperar misericordia. No busca el reconocimiento, ni la alabanza, sólo la mirada llena de misericordia del Padre al final del camino.
Ante mi verdad humana se arrodilla Dios. Y me hace capaz de amar de forma humana. Ese amor humano mío, limitado y pobre, se convierte en un pálido reflejo del amor de Dios.
Sé que Dios me da por amor. Se parte por amor sin esperar nada. Creo en mí mismo cuando me parto amando. Cuando no me canso de amar aunque no reciba nada en mi entrega
Quiero una mirada sencilla. Para no interpretar intenciones. No quiero olvidarme de Jesús que me ha salvado. Nada de lo que tengo es merecido. Es un don simplemente. Me postro. Alabo a Dios.
Le pongo a Él en el centro y yo me aparto. Jesús cree más en mí de lo que yo mismo creo. Sé que siempre ha creído. Desde que me vio sentado y me llamó. Si Él no cree en mí, yo solo no puedo.
