Mirar a Dios cara a cara y decirle que sí, que entendemos y queremos nuestra vida como es. Con sus límites y carencias, con su bondad y su pecado, con su belleza y sus arrugas.
Nos sana aceptar que no podemos y pedir ayuda. Volver la mirada al que puede socorrernos. Dios siempre nos ve frágiles y necesitados. Ve la herida detrás del maquillaje.
La fe, nuestra propia fe, es un salto en los brazos de Dios que nos espera lleno de alegría. Es la fe en un Dios que construye sobre el barro del hombre que cree y persevera. Y con ese barro hace grandes milagros. Los santos llegaron a ser santos cuando experimentaron en sus vidas el […]